A veces nos podemos encontrar con el caso de un hijo al que la lectura no le apetezca e incluso le parezca pesada y aburrida. Que no tenga motivación por leer. Esto pudiera darse porque no lea bien al no haber aprendido correctamente a leer palabras enteras y vaya a trompicones sólo leyendo sílabas.

Cuando un niño silabea en su lectura quiere decir que en algún momento del proceso de aprender a leer correctamente se ha perdido y la lectura se está convirtiendo en algo muy poco interesante y poco informativa, por no decir que nada.

Si el niño solo lee sílabas, y no aprende a leer bien palabras enteras, dificilmente se enterará de lo que está leyendo, y mucho menos aún captará su atención dicha lectura convirtiéndose en una actividad pesada y aburrida, no motivándole al buen y provechoso hábito de querer leer como si de un actividad divertida más se tratase.

Leer no trata solo de interpretar el lenguaje escrito al lenguaje oral. Éso sólo es descodificarlo. Leer significa interactuar con un texto, comprendiéndolo e internalizando la información que se lee y utilizarlo después con un enfoque comunicativo para un fin específico.

Hay que aprender a leer bien para convertirnos en fan de la lectura.

En una ocasión, una mamá me comentaba:

Cada vez que mando leer a mi hijo, es una guerra. Mi hijo me pregunta con actitud molesta y como con pereza: ¿Y cuánto tengo que leer?

Y entonces, le pregunté:

• ¿Actitud molesta, de pereza, o quizá en alerta por algo? ¿Te has planteado con esa observación que quizá no sea pereza sino estrés por impotencia de que al leer lento se le hace una actividad complicada el hecho de tener que leer?

Y añadí:

Yo antes pensaba lo mismo de mi hijo. Incluso creí que se estaba haciendo vago. Sus calificaciones según pasó al siguiente curso bajaron bastante. Ya le exigían memorizar conceptos pero lo conseguía mal, tarde y a veces, nunca. Cuando le mandabamos leer porque leía lento y creiamos que leyendo mucho, mucho, leería más rápido algún día, observé que para él era como un sufrimiento, lo que me hizo pensar, remontándome a mi infancia a su misma edad, de cómo lo viví yo, a quién también me costó leer bien, y me di cuenta que no era pereza ni vaguería, sino que algo no iba bien y que le estaba suponiendo un retraso para seguir el ritmo del resto de su clase para llegar al nivel requerido en el curso. Así que empecé a observarle y detecté que la lectura lenta estaba siendo la posible causa de la bajada de notas del cole. Una vez detectado el problema, le ayudé a corregir tal error en su lectura y a partir de ahí fue nivelándose con el resto de sus compañeros hasta recuperar sus notas y por su puesto, leer mejor. Cuál fue mi sorpresa, cuando un día, se acercó a mí por propia voluntad para leérme un cuento. Mi hijo sentía ganas de leer. Se le despertó la motivación por la lectura convirtiéndose en una actividad divertida, entretenida y muy educativa. Hoy por hoy, para él, la lectura se ha convertido en otra opción más de juego.

Hablando con otra mamá me comentaba que su hijo pequeño no estaba consiguiendo llevar la velocidad requerida en el colegio para seguir el ritmo de la clase a la hora de leer y que por más que le mandaba leer no veía avance alguno.

Yo le pregunté a ella:

• ¿Tú cómo lees?

Ella contestó:

• ¡Leyendo!

Y pregunté de nuevo:

• ¿Te has parado alguna vez a pensar cómo leémos exactamente? ¿Cómo es que somos capaces de desarrollar esa actividad?

A lo que ella me contestó:

¡Ah, no sé! ¡leémos y ya está! ¿No?…

Leemos a través de un metodología que, si no es aplicada correctamente durante el proceso de aprendizaje de la persona que está aprendiendo, se produce una deformación en la forma correcta de leer. Con dicha deformación se da una lectura a trompicones, produciendo así una desmotivación por leer al no sentir que se recibe información alguna cuando lee y dando lugar a problemas a largo plazo, tanto de no generarse un hábito de lectura motivada como a la hora de estudiar no se podrá internalizar la información que se necesita retener, pudiéndo llegar a ser uno de los motivos más importantes del comienzo de un fracaso escolar en los niños.

Aprendemos el lenguaje a través de unos símbolos a los que denominamos «letras». Primero aprendemos las vocales, después van las consonantes. Una vez que nuestro cerebro reconoce con habilidad esos signos pasamos a unirlos entre sí formando las palabras, para después leer frases que construyen párrafos, formando así los textos. Palabras que se refieren ya a algo y por las que a través de ellas ya recibimos una información. Leer con fluidez una sola palabra es algo muy básico que, sino se ha aprendido bien, no permitirá que demos el siguiente paso por mucho que lo hagamos una y otra vez. La repetición de las cosas funciona cuando las metodologías de aprendizaje en cualquier aspecto de la vida se da bien. Sino solo producimos deformaciones que a posteriori son difíciles de corregir y dando lugar a un mayor desinterés en dicha área.

¿Crees que tú mismo lees bien? ¿Has necesitado alguna vez volver a leerte un texto porque al llegar al final no sabes lo que has leido?

Una vez que dominemos con habilidad una lectura unida y fluida de las palabras, conseguiremos leer textos que se nos hagan interesantes y motivantes.

1º. Aprender las vocales:  a e i o u

2º.Seguido, las consonantes: b c d e f g h i j k…….

3º. Aprenderemos a unir las vocales y las consonantes para formar sílabas: «l» con la «a» «la»…

4º. Una vez sabemos enlazar las consonantes y las vocales formando sílabas cortas de dos en dos, pasaremos a la combinación de sílabas combinadas entre sí para empezar a leer palabras, cogiendo progresivamente la habilidada de leerlas sin silabear. Leyéndolas de una vez, enteras. Por ello es importante empezar con las cortas para ir pasando a más largas, adquiriendo esa habilidad de fluidez a la hora de reconocer los símbolos a la vez que los combinamos mentalmente y en un espacio corto de tiempo para después soltar de una sola vez la palabra leida. Este paso, quizá sea el más importante de toda la metodología de aprender a leer bien. Puesto que en función de como consigamos hacerlo se dará nuestra rapidez de lectura y si se nos da bien, nos nacerá la motivación hacía la necesidad de leer en cantidad generándonos eso gran hábito de la lectura como algo divertido y entretenido, además de muy educativo para cualquier edad en la vida.

5º. Si ya tenemos bien dominada la metodología de leer bien las palabras sin atascos entre silabas, podemos empzar a leer las frases donde hilaremos las palabras, bien leidas, a un ritmo constante y líneal sin parones, que propiciará la internalización de la información que estemos leyendo. Ya sea un cuento, un artículo o una lección que se tenga que aprender. Al decir la palabra completa, estamos reconociendo el lenguaje como si fueses hablado y con ello despertando nuestro interés sobre lo que estamos leyendo, se entienda o no, generándonos motivación tanto si lo entendemos como si no. Si lo entendemos nos hará disfrutar de tal lectura. Si no lo entendemos nos despertará la necesidad de investigar sobre eso que hemos leido y que desconocemos. nos abrirá la necesidad de buscar sobre ello.

Hoy en día se comete un gran error bajo mi punto de vista, lo he vivido así en mi propio ejemplo y después se me ha repetido en mi propio hijo. Nos basamos en la cantidad de lectura y no en la calidad del buen leer. En los colegios se nos manda que nuestros hijos lean más cuando leen silabeando para corregirles la mala lectura. Pero leer más tiempo y más cantidad no aumenta la velocidad de lectura porque no se está resolviendo el verdadero problema de fondo del por qué se lee lento.

¿Qué un niño silabea? ¡Qué lea más! ¡Y mucho más aún, si cabe!!! ¡Y más! ¡Y más!… Y todavía nos parece poco porque no vemos avances rápidos ni mejoras a la vista… Y entonces, lo obligamos a leer más, y lo peor, le hacemos sentir que es un castigo y con ello lo que conseguimos es estresarlo, y en definitiva, lo estamos desmotivamos.

¿De verdad así queremos conseguir que a nuestro hijo les guste la lectura? ¡De la que pueda, sale corriendo y no vuelve!!

Y no nos paramos a observar por qué silabea en realidad. Y silabea claramente porque en algún momento del método de aprender a leer en el colegio o en el lugar que corresponda, por la causa que sea, se ha quedado atrás, y eso le ha ido ralentizando el ritmo que siguen los demás compañeros y le ha ido generando una limitación, tanto de habilidad en la lectura como psicológica. Porque el mismo niño se da cuenta de que lee peor que los demás. Y los demás, se dan cuenta, en ocasiones usándolo como burla. Y eso le genera al niño un estrés que no sabe como afrontar, por un problema, que no puede resolver por sí solo dada su corta edad y poca formación y sumándole así más condicionantes para aumentar ese estrés en el niño que no lee bien. En estos casos, son los adultos, educadores y padres, quienes debemos saber detectar por qué se está dado esa lectura lenta o silabeada y ponerle remedio. Y no solo detectar sino saber corregir adecuadamente. Algo que, si se sabe reconocer, tal y como os he explicado en este post, se puede remediar en muy poco espacio de tiempo, y cuando digo poco, digo en media hora, por pegarme un largo en el tiempo. Yo tardé en detectarlo, una observación. En corregirlo, 15 minutos. El perfeccionamiento vino de la mano de una constante motivación en mi hijo por leer cada día.

Silabeo: Esto se da cuando el niño lee

  • la ca-sa es bo-ni-ta y-ti-ti-ti-tie-ne grrrr-grann-des ven-ta-na-les.

La lectura pausada y de repetición como si se atascasen en una sílaba es un silabeo en el que como se les está pidiéndo que aumente la velocidad, ante su impotencia de saber hacerlo, se quedan atascados repitiéndo y alargando letra… es una cuestión de obsevación, detección y de resolución con calidad más que de cantidad.

Déjales tomarse su tiempo para leer la palabra. Y que lo haga mentalmente. Dile que cuando esté seguro de decirla en alto, la diga tranquilamente y según la esté diciendo, aprenda a llevar su mirada a la siguiente palabra para ir adelantando mentalmente el reconocimiento de los siguientes simbolos, letras, palabra… Notarás como poco a poco, coge confianza en sí mismo, desaparece esa ansia de tener que leer correctamente, y termina leyendo fluidamente. Después de corregir, a practicar motivadamente. ¡Te sorprenderá!

Lectura constante y lineal sería:

  • la casa es grande y tiene grandes ventanales.

Así, internalizamos bienla iformación, gracias a leer bien.

No por antes madrugar amanecerá más temprano. No por antes correr, aprenderás más rápido.