La observación y la comprensión son las herramientas más potentes con las que cuentas para impulsar la motivación a tu hijo a la hora de aprender.

Debes tener en cuenta que cada persona funciona de muy diferentes maneras. Tu hijo, tendrá una forma de comportamiento único y personal ante todos los ámbitos que le rodean en la vida.

La razón por la que hay niños que, sin portar un diagnóstico patológico de incapacidad parezcan menos estudiosos que otros, es debido a que la zona central del cerebro, encargada de la internalización de la información, no se desarrolla a la misma edad en todos ellos.

Los que son ordenados, estudiosos sin necesidad de tener que estar encima, suelen ser niños motivados y con buenas calificaciones. En ellos se ve claramente que esta parte del cerebro se ha desarrollado antes. Pero eso no les hace más inteligentes que los que la desarrollan más tarde. Simplemente les dota de mejor habilidad para estudiar con facilidad. Clara consecuencia de que algunos niños que no tienen esa habilidad para el estudio se puedan quedar más retrasados que el resto de la clase. Unos van bien y otros necesitan un esfuerzo mayor generándoles un gran estrés para coger el ritmo adecuado.

Pero, la buena noticia es que no está todo perdido. Hoy en día, gracias a la aplicación de una buena metodología, puede dejar de ser un problema. Y para ello, los padres, además de los centros educadores, juegan un papel muy importante, tomando consciencia de ello. Cuando llevamos al niño a un centro a estudiar, tenemos que tener en cuenta que no va a estar él solo, sino que lo hará junto a más niños. Cada uno con sus carasterística particular. Han de trabajar en equipo, por lo que en casa, en algunos casos, nos vemos en la situación de echarles una mano y ayudarles a poder seguir el ritmo de todos.

Cuántas veces has dicho, y en ocasiones delante de tu hijo, «e¡s que este hijo mío es tonto!».

Cuando vemos esta desmotivación por los estudios, los padres nos estresamos y pensamos que nuestro hijo es por ello más tonto, limitándonos así con tal pensamiento, e impidiéndonos ver con claridad las opciones que podemos tener para ayudarlo mejor.

La observación y la comprensión de lo que vemos en sus comportamientos va a ser la herramienta más potente para ayudarle a mejorar en los estudios, e incluso, en cualquier ámbito de su vida.

Cómo podemos potenciar su motivación.

Detectar las razones por las que no tienen motivación, es clave. Habla con tu hijo en el momento de estudio. Conoce sus emociones en este ámbito. No le juzgues. Ésto te acercará a él, fortaleciendo más vuestra relación, y le hará sentirse comprendido. En breve notarás que empieza a funcionar bastante mejor.

  • ¿Cómo se siente ante los deberes? Aburrimiento, pereza, impotencia…
  • ¿Cómo le gustaría hacer los deberes? Quizá una pizarra y un rotulador puedan ser buenas herramientas para retener aquello que tiene que memorizar. Estudiar puede ser más divertido si se representa con dibujos…
  • ¿Qué tal se encuentra en clase? ¿Cómo es su relación con los compañeritos?  ¿O con el profesor?
  • ¿Qué pasa cuándo sale a la pizarra y se equivoca? ¿Cómo es el ambiente que se genera en ese momento? La profesora te corrige ¿en qué tono?. Los compañeros ¿se ríen? ¿la profesora ante ésto, qué hace?. Investiga si en alguna circunstancia o con alguna persona siente alguna incomodidad que le pueda estar generando un bloqueo y ayudalo a gestionarlo con seguridad.

Crea con él el espacio perfecto de estudio. Si es preciso, cambia el que ya tiene hecho por ti. No se trata de que sea como tú crees que le va a ir mejor. Tiene que hacerle sentir cómodo a él. Indícale unas primeras pautas de orden adecuadas si lo consideras necesario, y evita, con mano izquierda, que ponga elementos que le pudieran distraer a la hora de estudiar. Este espacio que él mismo creará le impulsará el querer ir a sentarse.

Planificar juntos una buena dinámica para estudiar de forma que se le haga más ameno el estudiar. La música clásica de fondo puede ser algo relajante y que puede ayudarle a concentrarse. Hay niños que responden muy bien a estos estímulos. Ditribuye las distintas tareas del día de una forma ordenada y con un método adecuado a él con algún intervalo en medio de unos 5 ó 10 minutos para que se levante y se dé un paseo por el pasillo o bien se beba un vaso de leche. Tiempo suficiente de descanso y desconexión para que no se sienta saturado.

Observa sus posturas, sus gestos, como reacciona ante una orden. ¡OJO! Cuida tu forma de hablarle. Saber comunicar correctamente a tu hijo un mandato sin que parezca una obligación te ayuda a que esa orden no sea un mandamiento y si una buena opción para hacer.

  • «¡haz los deberes qué se hace tarde!» no suena igual que «¿y si hacemos los deberes para luego poder ver un poco la tele

Evita en lo posible las presiones. Acudir a castigarlo en su cuarto ha repetir la lección no garantiza que se lo aprenda. Se puede estar mil horas repitiendo lo mismo que, si no se centra, no internaliza la información. Y corres el riesgo de desmotivarlo centrándose en lo que le hace sentir tu amenaza que en aprender nada. Incluso podría quedarse pasando el rato sin más.

NO CASTIGAR / NO AMENAZAR > para que estudie

Cuando te sientes con él para ayudarle a estudiar sé creativ@ en el método que utilices. Debes de tener en cuenta que conseguir captar su atención es esencial, una vez esté interesado se da sola la motivación. Cada persona tenemos una forma de aprender. Prueba cosas. Observa si es capaz de retener con solo escuchar. O si bien es mucho más visual y con la ayuda de una pizarra y gráficcos o dibujos entiende y retiene mejor las cosas. Incluso le funcione la escenificación al ser más quinestésico. Aprender de una forma más divertida puede ser algo muy atracctivo para un niño. Si consigues averiguar su forma de absorción de la información conseguirás su atención a la vez que generarás un gran vinculo con tu hijo. Con el tiempo, él solito, se practicará en sí mismo esa dinámica de estudio.

Pacta con él algo que desee. Negócialo de una forma divertida. No tienen que ser premios grandes. Puedes agarrarte sin más a necesidades básicas que él necesita.

OFRECIMIENTO > DESEO = IMPULSO DE MOTIVACIÓN

Ejemplo:

  • «¡Termina ya los deberes que sino no podrás jugar!» no suena igual que «Si acabas rápidito los deberes luego podrías jugar un ratito a algo?»

Positiva/opción = IMPULSO (… asi puedes… )

Negativa/obligación = LIMITACIÓN  (… sino no podrás…)

Mantén con él una actitud de apoyo  y no de «ordeno y mando». Es importante que tu hijo te perciba como alguien que le entiende y le apoya. Que está ahí para ayudarlo a resolver su dificultad. La paciencia es una gran herramienta también. Evita levantarle la voz aunque se confunda. Aún cuando le cueste entender lo que le explicas. No es por que sea tonto. piensa que igual no se lo estás explicando de una forma que él lo entienda. por ello, usa tu imaginación para buscar la forma que más se le adapte a su entendimiento.

Háblale en tono suave y seguro. Pregúntale como se siente al no poder resolver un problema de matemáticas o cuando ve que no consigue memorizar las cosas. El niño, al sentir su impedimento, por que de ello si son conscientes, se bloquea. Y siente miedo. Y no tiene ni la edad suficiente ni la experiencia de vida para resolver dicha inconveniente por sí solo.

Céntrate en el momento presente perdiéndole el miedo al futuro académico de tu hijo. En ocasiones los padres, desde que son bien pequeñitos, nos obsesionamos en que al mínimo fallo de funcionamiento ya lo damos como un futuro fracasado. Cambia tu forma de verlo. Siempre se está a tiempo de enmendarlo. Primero corrige su forma de aprendizaje y después podrás obtener esos buenos resultados que tanto deseas para él.

No te obsesiones con las altas calificaciones. Piensa que todo se construye desde abajo partiendo de una buena base. Primero consigue que domine los mínimos básicos requeridos que luego tendrá tiempo de ir trabajando paso a paso los grandes éxitos.

Y por último, crea una buena comunicación con los profesores de su centro escolar para compaginar los métodos de llevar al menor. Lo que a unos les funciona, compartirlos con los otros. Algo poco común en nuestros días pero con lo que, bien llevado, se formaría un buen equipo en tales casos. Esto facilitaría mucho a la motivación del niño.

En ocasiones, las diferentes formas de llevar al menor entre el centro y su casa se contraponen tanto que llegan a confundir al menor. Ante este caso, no impongas tus métodos si te están funcionando, exponle mejor como crees que podría funcionar, e incluso, explícale que a ti te está dando resultado en casa e invítale, sin necesidad de desmarcarse de su dinámica de grupo, a que de alguna forma combinéis dinámicas. Hay casos en los que los padres, ante un hijo con bajas calificaciones, prefieren trabajar poder alcanzar el mínimo básico establecido en aprobado y una vez afianzado, ir a por los altos resultados. Y viceversa también ocurre. Pero otros muchos, en los que centro y hogar, van cada uno por un lado distinto generandole así una total contrariedad al niño.

Una buena propuesta en estos casos podría ser: y si primero trabajamos el levantarlo y después le ayudamos a alzar un vuelo más alto poco a poco…

En algún caso puede que sea necesario recurrir a un refuerzo escolar según grado de desmotivación. ¡Perfecto! Buscar un profesor particular es una buena herramienta de apoyo muy acertada. Pueden establecer una relación más directa entre educador/alumno. El niño se notará con más confianza, sin tanta persona interviniente, y cogiendo más seguridad en sí mismo.

Si verdaderamente quieres ayudar a tu hijo, conócelo bien en todos sus aspectos. Analiza que le pasa a través de tu observación. Discurre que podrías hacer para ayudarle poniéndote en su lugar, tú eres el adulto. Y ofrecele opciones para poder estudiar mejor en base a como él es capaz de internalizar mejor la información.