Porque si fuese un Einstein, no sería único. Y yo quiero que sea único.

Hoy he leido una noticia que me ha trasladado a la reunión que mantuvimos el otro día al comienzo de curso con los padres de la clase de mi hijo.

Hubo alguien que dijo: A mí también me gustaría que mi hijo fuese Einstein pero, NO PUEDE…

  • ¿Por qué quieres que tu hijo sea Einstein?
  • ¿Qué te hace querer que lo sea?
  • ¿Qué le lleva a una madre a pensar «a mí también me gustaría que mi hijo fuese Einstein»?
  • ¿Cómo ve a su hijo para que se le ocurra pensar que su hijo no pueda ser un Einstein?
  • ¿Qué necesita ella para sentir que su hijo pueda ser como Einstein?
  • ¿Qué le falta en su hijo?
  • ¿Cómo define esa madre a su hijo?
  • ¿Qué le hace sentir que su hijo no pueda ser un Einstein?
  • ¿Lo sabe su hijo?
  • ¿Qué sabe ella de Einstein? ¿Sabe que einste fue fracaso escolar hasta los quince años?
  • ¿Qué le supone a su hijo saber que su madre piense que no sea capaz de ser como un Einstein?

Son muchas las peguntas que se podrían hacer frente a una afirmación así tan fuerte de una madre sobre su hijo. A veces no somos conscientes del impacto de esa afirmación, ni en nosotros, ni en nuestros hijos. Incluso en ocasiones, las hacemos en público y seguimos sin ser conscientes de las consecuencias de dichas afirmaciones.

¿Conoces a Adrián Martín? ¡Te adjunto un link! Se me pone la piel de gallina cada vez que oigo los logros de este niño y de sus padres. Porque sus padres tienen mucho que ver. Y seguramente sus educadores, también. A estos padres seguro que no les dio tiempo cuando Adrián nació de comparar en si podría ser un Einstein o no, ni de pensar en si su hijo sería más guapo, más alto, más listo, o lider de algo. Posiblemente, ni les daba tiempo casi para ellos, puesto que los niños que nacen como Adrián requiere atenciones muy especiales y sobre todo, al nacer, no da tiempo a lamentaciones ni bobadas.

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Su disco ‘Lleno de vida’ con el que Adrián Martín demuestra claramente que su hidrocefalia y mal formación congénita no le iba a frenar para conseguir sus sueños en la música. El niño de 11 años de…

Yo no quiero que mi hijo sea Einstein. Porque yo no soñé nunca con volver a traer a Einstein al mundo sino al hijo que crecía dentro de mí. Me parecería hasta una falta de respeto hacía mi hijo, la persona que más quiero, hacer tal comparativa, puesto que pareciera que le estoy haciendo de menos a quién para mí es la persona más importante de mi vida.

Y seguramente, los papás como los de Adrián, no soñaron con los niños que llegaron. Pero al nacer, ellos mismos creyeron en sus hijos y en ellos mismos. Por ello, lucharon, dejando de lado las emociones limitantes y generándose emociones que solo potenciarían el buen desarrollo en su hijo, aportándole así, el mayor amor que podían darle. Seguramente, cuando nació, les explicaron que sus capacidades eran distintas y que se vería mermadas el resto de su vida. Sin embargo, ellos quisieron que su hijo fuese Adrián. Posiblemente nunca se dijeron «él no puede» sino que pensaron «¿qué podemos enseñar a Adrián? ¿cómo podemos hacer que su vida sea mejor?…«.

Adrián no es Einstein, ni es Pablo, ni Juan, ni Pepe. ¡Adrián es, Adrián! ¡Un grande! ¡Un genio! Porque para ser un genio no hay que ser otro que ya lo fue. Hay que ser uno mismo, simplemente sintiéndose un genio.

Para conseguir ser un Einstein, hay que trabajar las creencias limitantes, mayormente en los padres, con las que crecemos, para así poder cambiarlas y convertirlas en creencia potenciadoras. Solo hay que creer de verdad que pueden ser un genio y sentirlo así. Y entonces, será un verdadero genio.

  • Ejemplo de pensamiento limitante: no se puede…
  • Ejemplo de pensamiento potenciador: si que se puede…

Hay muchas veces que decimos: NO SE PUEDE… Y si se puede. Solo hay que querer, libres de creencias limitantes conviertiéndolas en creencias potenciadoras que ayuden a encontrar las herramientas necesarias para hacer que «Si se pueda». Adrián y niños como Adrián, son un ejemplo de ello de los que debemos aprender mucho, y sobre todo de los adultos responsables que han formado parte de su desarrollo. Son seguramente unos auténticos maestros. Generosos y muy inteligentes. Unos verdaderos Einsteins.

Pon, un «Si que puede» en su vida…